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Nombre
María Clara Figueroa
País
Colombia
Perfil

María Clara Figueroa

(Bogotá, Colombia, 1988)

La relación entre arquitectura, pintura y memoria define la obra de María Clara Figueroa, artista nacida en Bogotá, Colombia, en 1988. Su trabajo explora la transformación de los materiales en el tiempo, abordando la fragilidad de las construcciones urbanas y la manera en que el color y la textura pueden revelar historias ocultas en el paisaje. Desde sus primeros proyectos, Figueroa ha investigado el deterioro y la demolición de edificaciones en Bogotá, utilizando elementos como madera recuperada, pintura y estructuras arquitectónicas para crear instalaciones que reflexionan sobre la temporalidad de los espacios. Su serie Las profundidades del Salto del Tequendama (2023) en Galería Doce Cero Cero es un ejemplo de su exploración sobre el agua y el color como agentes de transformación. Ha participado en exposiciones en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Museo de Arte de Pereira, la Galería Santa Fe y en eventos como ARTBO. Su investigación sobre la pintura expandida y la historia del arte colombiano ha sido clave en su desarrollo artístico, consolidándose como una de las voces más interesantes en la escena contemporánea.

 

Memento mori, 2025 
Madera, fique y hojilla de cobre

Los proyectos artísticos de María Clara Figueroa parten de la especificidad del lugar, lo que la ha llevado a explorar el carácter temporal de los materiales y su capacidad para activar la memoria de los espacios que conforman la ciudad. Durante recorridos por Bogotá, identificó lugares en proceso de demolición y documentó su transformación. A partir de estas experiencias, ha centrado su interés en materiales básicos, considerando su capacidad para reflejar los contextos que los contienen. Al prestar atención a los ciclos de construcción y destrucción en la ciudad, su obra se ha vuelto permeable a las contingencias temporales.

Para BOG25 presenta Memento mori, una obra compuesta por un tejido que articula fibras y piezas de madera semiquemadas. La instalación recorre el espacio, enfatizando los rasgos de la arquitectura y conformando una malla que combina espacios llenos y vacíos a partir de un gran número de piezas modulares realizadas artesanalmente. Estos vacíos permiten al espectador interactuar con el entorno, los materiales y su propio cuerpo. Los materiales empleados, así como su transformación física, remiten a un futuro pesimista respecto a la preservación de la vida en el planeta. Las prácticas extractivistas que sustentan gran parte de la economía actual impiden imaginar con esperanza futuros.