Imagen
Katherine Martínez Nieto
Curaduria
Convocatoria Arte Barrial
Curador
Katherine Martínez Nieto

Mural colaborativo en el Colegio ACACIA II – Ciudad Bolívar
Con la comunidad de La Acacia, Bogotá

En una ciudad donde los muros suelen hablar de control o silencio, este mural surge como una contraescritura viva: un canto colectivo pintado por niñas y mujeres del barrio La Acacia, en la localidad de Ciudad Bolívar. “Voces de lucha, mujeres de barrio” no es solo una imagen; es el resultado de un proceso artístico-pedagógico en el que el cuerpo, la palabra, la memoria y el deseo se encontraron para imaginar juntas una comunidad posible.

Este proyecto, desarrollado con la orientación artística de Katherine Martínez, nace de una convicción sencilla y poderosa: la voz de las mujeres transforma el territorio. Desde talleres semanales, caminatas simbólicas, juegos de creación, escritura emocional y composición de cantos colectivos, las participantes —niñas, adolescentes y mujeres del entorno del Colegio ACACIA II— construyeron un mural que condensa no solo sus relatos personales, sino también su capacidad de imaginar, sanar y gobernar simbólicamente el espacio público.

En el centro de esta obra está la apuesta por visibilizar y retratar aquellas historias de mujeres barrializadas, cuyas vivencias, marcadas por contextos específicos de desigualdad, resistencia y creatividad, merecen ser narradas en voz alta. Se trata de experiencias profundamente distintas a las de otras comunidades, y que sin embargo han sido sistemáticamente silenciadas o desplazadas. Este mural es, por tanto, una forma de decir: aquí estamos, esta es nuestra historia, y la contamos juntas, con fuerza, con dignidad y con sueños.

Cada sesión fue un territorio distinto: sembrar palabras sobre la tierra, cantar estrofas inspiradas en referentes femeninos, cartografiar emociones del barrio como lugares seguros o heridas abiertas, inventar superheroínas comunitarias, escribir cartas al futuro. Todo esto desembocó en un proceso de diseño colaborativo, donde las imágenes surgieron no desde una consigna externa, sino desde las raíces, los recuerdos y las proyecciones de sus propias protagonistas.

En este mural no hay representación sin presencia: está hecho de gestos, de vínculos intergeneracionales, de pigmentos que llevan también la fuerza de los rituales compartidos. Cada trazo habla de una niña que se imagina poderosa, de una adolescente que sueña con cambiar su entorno, de una mujer que se sabe capaz de transformar su calle, su escuela, su barrio.

Ciudad Bolívar, territorio históricamente estigmatizado, se revela aquí como espacio de potencia y belleza viva. El muro intervenido en el Colegio ACACIA II deja de ser límite para convertirse en lugar de paso, espejo, afirmación: un lugar donde lo común se dibuja en colectivo, desde las luchas cotidianas hasta los futuros deseados.