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Christiaan Nicolás Ramos Beltrán
Curaduria
Convocatoria Arte Popular

Christiaan Nicolás Ramos Beltrán

El trabajo de Christiaan Nicolás Ramos explora los conceptos de memoria e historia a través de experiencias cotidianas y encuentros de saberes, donde profundiza en las  transformaciones que ha experimentado la ciudad. Mediante procesos de investigación- creación, busca generar elementos activadores de la memoria que inviten a la reflexión y al  cuestionamiento por parte del público.

Ramos trabaja principalmente con medios como la pintura, el video y el sonido, además de emplear materiales que funcionan como depositarios de memorias personales o colectivas, los cuales reutiliza con fines exploratorios. Sus obras abarcan una amplia gama de intereses, desde la estética y las formas, hasta la rigurosa exploración técnica, pasando por la instalación, el muralismo y la presentación de piezas concretas —algunas evidentes o literales— con el propósito de ofrecer múltiples niveles de lectura y acercamiento.

Entre sus intervenciones más destacadas se encuentran como muralista: Grulla en Concreto (2023), El hijo de la Paz (2023), Jaboque (2023) y Río Silente (2024). También ha realizado instalaciones como Toma de Palabra (2019), Río Silente: Relato sonoro sobre el Río Bogotá (2023) y Relato vivo sobre el Parque Nacional (2024). En ellas resalta su interés por reconocer y evocar las agencias vivas de la ciudad, muchas veces invisibilizadas por el proceso de desarrollo urbano.

Christiaan es Maestro en Artes Plásticas y Visuales y candidato a Magíster en Estudios Artísticos de la Facultad de Artes ASAB de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Además, es gestor cultural en la localidad de Fontibón.

 

¡A la orden, capitán!
Óleo y grabado sobre cuchara de madera (2019). 89.5 x 35 x 9.5 cm

El río Bogotá (Funza), relegado durante siglos a la invisibilidad, retorna aquí como protagonista de una narrativa artística que busca restituir su voz. El trabajo evoca la memoria de un caudal que alguna vez ofreció prosperidad y vida a la ciudad, hoy profundamente marcado por la degradación ambiental. El pez Capitán emerge como símbolo de esta relación: alimento y vitalidad en el pasado, pero también imagen de muerte y pérdida en el presente. Su figura condensa la paradoja de un río que, pese a la intervención humana y la devastación de su entorno, permanece inscrito en la memoria de Bacatá. La obra es así un llamado a reconocer la huella de lo vivo y a repensar la relación de la ciudad con sus aguas y con los seres que alguna vez habitaron sus cauces.