Daniel R. Blanco
Artista plástico multidisciplinario y literato. Tanto su escritura creativa como sus obras plásticas se han enfocado en intereses que abarcan la percepción del mundo desde la identidad cuir (queer/kuir), los afectos, el ambientalismo, las ecologías queer, el poscolonialismo y sobre todo el poshumanismo. Recientemente se ha encofrado en develar y la artificialidad que hay en las relaciones “naturales” con lo no-humano, la sexualidad y el género, y la enfermedad. Sus pinturas, llenas de elementos simbólicos, toman referencia del arte barroco y flamenco. Entre sus exposiciones más destacadas se encuentran el XV Salón nacional de Arte Joven en la Galería Santa Fe en Bogotá, el IV Salón de Arte Joven FUGA 2023 y la VII Bienal de artes plásticas y visuales FUGA 2024. Fue ganador del segundo lugar del Premio de Arte Joven Colsanitas con la Embajada de España en 2023. Sus cuentos han sido publicados en la revista Temporales de la Universidad de Nueva York, al igual que ha sido ponente en la Universidad de Texas en Austin y en la Universidad Católica del Perú. Fue uno de 10 finalistas del Primer Premio de Narrativa Hispanoamericano Las Yubartas, de entre más de 2800 escritores de Hispanoamérica y España.
La niña Violeta en los jardines de Babilonia
Óleo sobre lino. Gramófono intervenido. Instalación
La obra se origina en un hallazgo íntimo: tras la muerte de su abuela, el artista descubre un archivo oculto compuesto por cuadros al óleo y una novela inédita titulada Chicamocha. Allí, bajo el nombre de Violeta, la abuela relataba su huida de la violencia bipartidista en Boyacá y su llegada a Bogotá. Los jardines exuberantes que pintaba en sus lienzos contrastaban con la narración de una infancia reducida a cenizas, revelando la tensión entre memoria, pérdida y deseo. El montaje articula tres piezas: un cuadro del artista que, con referencias a la pintura flamenca, despliega imágenes de migración y desplazamiento que rozan lo surreal; un cuadro de la abuela, donde persiste la memoria luminosa de los jardines; y un gramófono intervenido que reproduce pasajes de Chicamocha. Entre las dos pinturas aparece un mismo motivo: el pavo real, animal imposible en Boyacá pero convertido en emblema de un tesoro natural arrebatado por el desplazamiento. En este diálogo intergeneracional, la ficción, la pintura y el archivo se entrelazan para revelar la historia colectiva de la violencia y su persistencia en los cuerpos y en la memoria.