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Evelyn Yuritza Tovar Toro
Curaduria
Convocatoria Arte Popular

Evelyn Yuritza Tovar Toro

Vive y trabaja en Bogotá, estudió Artes Plásticas y Visuales en la Facultad de Artes de la Universidad Francisco José de Caldas (Bogotá 2007) ha realizado exposiciones tanto individuales como colectivas en espacios institucionales y comerciales en Colombia, México, Chile, Perú, República Checa, Alemania e Italia.Artista plástica interesada en reconocer su entorno de una manera más consciente en cuanto a la relación que tenemos con el territorio, pensando en cómo esta se construye a través de representaciones hegemónicas desde las que se establecen relaciones de comunicación con un contexto específico.⁠

 

Contenedores
Impresión digital sobre cartón

Contenedores es una instalación compuesta por nueve cajas de cartón impresas y dispuestas sobre el suelo, donde lo efímero y lo residual se convierten en materia de reflexión. Inspirada en la tradición de las vanitas, la obra construye escenas con materiales orgánicos y de desecho, evocando la precariedad de la vida y la vulnerabilidad de la naturaleza. Cada caja encierra una tensión entre lo que se extrae del territorio y la manera en que lo representamos, preguntándose por las huellas de la mirada colonial que aún determinan nuestra percepción de lo natural. En esa intersección, la fragilidad se vuelve imagen: un recordatorio de que toda forma de permanencia es, en última instancia, ilusoria.

 

Lluvia
Objeto sonoro (semillas De acacia, recipiente metálico, transportador helicoidal con motor, instalación eléctrica)

Un recipiente metálico, miles de semillas de acacia recolectadas en el humedal Juan Amarillo y una conexión eléctrica componen la máquina que emula el rumor perdido de una corriente continua. Las semillas, al chocar unas contra otras, evocan el fluir del agua que la contaminación y la densidad urbana han sofocado. El gesto transforma a las semillas en memoria sonora del territorio: resonancias que devuelven al río su aliento, aunque ya no emita sonido. La pieza se erige así como un recordatorio de fragilidad y resistencia, donde lo natural insiste en hablar a través de lo mínimo.