Ingrid Alexandra Silva Villa
Artista Plástica de la Academia de Artes Guerrero y con formación en Derecho en la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. Diplomado en Pedagogía para Jóvenes y Adultos y un Diplomado en Formulación de Proyectos, del Politécnico Superior de Colombia.
Su obra nace del diálogo entre el arte, la memoria y la justicia social. Ha trabajado con comunidades en alto riesgo, utilizando el arte como herramienta de transformación, sanación y denuncia. Mediante técnicas como el ensamble escultórico, las instalaciones, grabado y pintura, construye un lenguaje propio que conecta la estética con el compromiso social.
En sus procesos creativos, el acercamiento directo a los territorios y la investigación social son fundamentales. Cada pieza es resultado de un trabajo cercano con personas y colectivos que han vivido distintas formas de violencia y exclusión. Así, su arte se convierte en una voz que visibiliza las realidades de quienes han sido víctimas, no solo del conflicto armado, sino también de las profundas problemáticas sociales que atraviesan al país.
Su trayectoria refleja una convicción, el arte es un puente entre la sensibilidad y la acción, capaz de transformar la percepción y abrir espacios para la memoria, el diálogo y la construcción colectiva de paz.
Ocular
Acrílico sobre lienzo
Ocular es una obra en acrílico sobre lienzo que se sitúa entre la denuncia y la memoria, evocando el impacto de la violencia estatal durante el estallido social en Colombia. Inspirada en las miradas arrebatadas a los manifestantes, la obra convierte el ojo en símbolo de conciencia crítica y resistencia. Colores oscuros, contrastes abruptos y texturas densas evocan heridas físicas y sociales, mientras destellos cromáticos sugieren resiliencia y esperanza. La pieza se instala como testimonio y homenaje a los cuerpos vulnerados que decidieron no ceder al silencio.
Cosecha
Escultura, ensamblaje
Cosecha es una obra escultórica que utiliza la metáfora del árbol para reflexionar sobre la memoria del conflicto armado colombiano. La pieza se organiza en tres partes: raíces formadas por cuerpos fragmentados que simbolizan a las víctimas; un tallo construido con materiales reutilizados que alude a la continuidad y mutaciones de la violencia; y una copa caótica que refleja la confusión social y el dolor colectivo. La obra se plantea como un árbol de memoria, homenaje a la resistencia y llamado a la justicia.