Yo Soy la Voz del Río Vicachá, 2025
Escritura y voz de la especialista Sarita Ruiz
Cámara por Simón Hernández
El río conocido como Vicachá por los antiguos pobladores de lo que hoy es Bogotá fue renombrado por los conquistadores españoles como río San Francisco. Esta fuente de agua fue, durante décadas, uno de los límites naturales de una ciudad en expansión. Con el crecimiento de Santa Fe de Bogotá hacia el norte, pronto se sobrepasó este límite y se construyeron varios puentes, de los cuales hoy solo se conservan algunos vestigios, como el Puente de San Victorino y el Puente Núñez, actualmente soterrados.
A finales del siglo XIX, el río se había convertido en una cloaca pública y, por razones de salubridad y progreso, fue primero canalizado y luego cubierto, dando origen a la actual Avenida Jiménez. En esta importante vía —emblema de la modernidad urbanística bogotana— aún pueden apreciarse testimonios de distintas capas históricas y arquitectónicas, con ejemplos notables de estilos que van desde el colonial y el republicano, hasta el art déco, el modernismo, el estilo internacional, el brutalismo y la arquitectura contemporánea.
A comienzos del siglo XXI se llevó a cabo el proyecto del Eje Ambiental, diseñado por Rogelio Salmona, que busca recuperar la memoria del río, el cual sigue fluyendo bajo el asfalto, ahora en forma de una acequia superficial que toma sus aguas más arriba del sector de Las Aguas.
Sarita Ruiz es una de las pocas especialistas en lengua mhuysqa, idioma que ha investigado durante más de veinte años a partir de fuentes primarias: nueve diccionarios y gramáticas coloniales, así como crónicas y narraciones de la época. Dado que no se conserva ningún hablante nativo —la lengua dejó de hablarse aproximadamente hace dos siglos—, su labor ha consistido en un complejo proceso de revitalización desde cero.
En este video, Sarita explica el significado que para los pueblos originarios revela el nombre original del río: Biqachá. La sílaba "B" se asocia con la vida, presente, por ejemplo, en los nombres míticos de los ancestros Bachué y Bochica; "hyca" significa “nombre y palabra”, pues las comunidades acudían al río a recibir su nombre o misión, y a presentar sus asuntos y deliberar; finalmente, "chá" alude a la fuerza viril o potencia creadora.
Así, el topónimo no solo designa un curso de agua, sino que codifica una visión del mundo en la que naturaleza, sociedad y espiritualidad forman un todo inseparable. Esta carga simbólica y cultural contrasta con la historia posterior del río, que, con la expansión colonial, fue renombrado, degradado y finalmente cubierto por asfalto, quedando su memoria oculta bajo la ciudad contemporánea.