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Uno de los legados permanentes que deja la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25 es el monumento Umbral, un homenaje al cuerpo médico y al personal de la salud que perdió la vida durante la pandemia del Covid-19 y a quienes estuvieron frente al cuidado cuando la ciudad más los necesitó.

Este monumento es obra del artista colombiano Carlos Castro Arias, seleccionada entre otras 9 propuestas por su imponente presencia visual y espacial, su sencillez y sus múltiples significados, en una invitación a la reflexión ciudadana que reafirma el valor del arte público como lenguaje para procesar experiencias que marcaron a toda la sociedad.

La iniciativa surgió de la Academia Nacional de Medicina, a la que se sumó la Alcaldía Mayor de Bogotá a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, con el apoyo de la Secretaría de Salud, la Fundación Arteria, Colsubsidio, la Liga Colombiana Contra El Cáncer, Afidro, Movistar Arena, Méderi, Amarey y Sinovac, entre otros aportantes y personas naturales a través de la campaña de donación ‘El arte de dar las gracias’, promovida en 2025.

Acerca de la obra 


Para el artista  Carlos Castro Arias “Umbral es una herida en el espacio. Una presencia contundente que se impone en el paisaje urbano como un grito silente, como una memoria suspendida en el tiempo. Su estructura parte de la cruz, un símbolo que el mundo entero reconoce. Un emblema concebido para proteger la vida en los escenarios más hostiles —la guerra, la catástrofe, la enfermedad— y que, desde sus orígenes, evoca la presencia del personal médico encargado de dar auxilio, neutralidad, humanidad. La obra toma esta cruz, la descompone, la fragmenta, la vuelve vulnerable. Las más de 50 barras de acero que la conforman —dispuestas horizontal y verticalmente— ya no forman un signo perfecto. Son vestigios de un equilibrio quebrado, ecos de un sistema tensionado por el peso de lo irremediable. Cada barra se convierte en un pilar, una vértebra dentro de una columna rota pero aún erguida. Juntas, sostienen un bloque de piedra monumental, de más de tres toneladas, que simboliza la inmensa carga emocional de la presencia del Coronavirus que debió cargar el personal médico durante los días más inciertos de la pandemia”.


La obra, de más de 11 metros de altura y 7 de ancho, está ubicada detrás de la Biblioteca Pública Virgilio Barco, en la intersección entre la Avenida Calle 63 y la Avenida Carrera 60, en la localidad de Teusaquillo, en el Polígono Cultural del Parque Simón Bolívar. 


Este circuito, uno de los más bellos y emblemáticos de la ciudad, que articula arte público, arquitectura, naturaleza y patrimonio, conecta el Jardín Botánico de Bogotá, el Parque Simón Bolívar, el Parque de los Novios y la Biblioteca Pública Virgilio Barco, joya arquitectónica diseñada por el maestro Rogelio Salmona, declarada Bien de Interés Cultural de la Nación y parte de un conjunto que avanza en su proceso de reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 


En este corredor cultural convergen también las esculturas de Eduardo Ramírez Villamizar, proyectando el territorio como parque de esculturas y nuevo polo de atracción cultural. Este espacio será además una de las sedes de la próxima Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG27, fortaleciendo a Bogotá como referente internacional del arte, la memoria y la proyección cultural urbana.
 


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